«¡A mi hijo lo asesinó la prepotencia policial!»

«¡A mi hijo lo asesinó la prepotencia policial!»
«¡A mi hijo lo asesinó la prepotencia policial!»

El 23 de febrero del 2017 marcó un antes y un después para nosotros. Yo estaba en Misiones, cuando recibí la noticia más terrible desde Buenos Aires: ¡un policía había asesinado a mi hijo Lucas en Merlo! Estuve un rato paralizado, no lo podía creer. ¡Se me cayó el mundo entero! Durante todo el día, amigos y compañeros colaboraron con el dinero para que pudiera viajar: conmueve esa solidaridad espontánea, aunque nos quieran convencer que solo vale el “sálvese quien pueda”.

Ese día Lucas estaba con sus amigos en la esquina de Bulnes y Acosta, hasta que un patrullero se acerca y todos los pibes salieron corriendo. ¡Todos, menos Lucas! ¿Saben por qué no corrió? Por esas cosas que siempre le repetía yo: “Nunca corras hijo; si vos no hiciste nada malo, no tenés por qué tener miedo”. Él era consciente de sus derechos y se quedó. ¡Y sí, me arrepiento de ese consejo hoy!

El patrullero los persiguió una cuadra y volvió por Lucas; y así como descendió del móvil, Ballarino le disparó. La bala ingresó por la ingle. Lucas murió desangrado y no puedo dejar de imaginar todo lo que sufrió.

A los pibes los arrodillaron con las manos en la nuca y mientras les repetían que no se dieran vuelta; Ballarino pateaba a Lucas en el piso y le gritaba “¡Guacho, no te mueras acá, que me cagás la carrera!”. Es muy doloroso y aunque trato de distraerme, por las noches se me viene esa imagen a la mente.

¡A mi hijo lo asesinó la prepotencia policial! Piensan que pueden hacer lo que quieren, total es un negrito más.

La Bonaerense intentó modificar la escena, pero ahí mismo intervino la fiscal de instrucción Valeria Courtade, apartando a las fuerzas y trabajando con su propio equipo de investigación. El análisis toxicológico y de parafina dio negativo y el registro de una cámara confirmó lo sucedido.

La compañera de Ballarino, que se encontraba con él dentro del móvil, declaró que no podía brindar datos: ¿Pueden creer que se quedó involuntariamente “dormida” durante el operativo? Nosotros tampoco.

Mariano Alberto Ballarino estuvo detenido 1 mes pero fue liberado por el juez Alfredo Meade por “falta de mérito”. La defensa argumenta que fue un accidente, que en un “tropiezo” se le escapó el disparo. La fiscal lo caratuló como homicidio doloso. ¿Por qué? Simple: ¡resulta descabellada, semejante torpeza para un experimentado sargento, que iba al polígono cada 3 meses a practicar tiro! Ballarino tenía pleno conocimiento del protocolo y uso de su arma reglamentaria.

La actitud del juez Meade fue distante al principio y como padre de Lucas me sentía totalmente ignorado, hasta que le mencionaron que yo era profesor universitario. En ese momento su trato y valoración cambió. Por lo que comprendí que la justicia no era ciega, sino visiblemente clasista.

“Toti” como lo bautizaron sus hermanos, tenía 17 años. Vivió en Merlo con la mamá hasta los 11 años, que se instaló conmigo en Misiones. Un año antes había vuelto a Buenos Aires a estudiar música. Tenía todo el futuro por delante, tocaba muy bien la guitarra y quería perfeccionar su arte. Le iba bien en la escuela, era un pibe inteligente, de carácter fuerte e imponente.

Yo vivo en Misiones y viajo a Buenos Aires constantemente como principal querellante; para organizar murales, jornadas o participar de actividades. Y como docente, les digo: ¡el completo desamparo del Estado hacia los familiares; sin licencias ni subsidios, se siente!. Pero hay que movilizar, porque si algo aprendimos es que la memoria, cuesta.

Ahora me puse una meta: ¡que Ballarino reciba la máxima pena! Pero esto no termina con su condena. ¿Qué hay con los otros “Lucas”? Por ellos hay que continuar esta lucha.

A poco más de un año del asesinato de Lucas, la causa se elevó a juicio oral, Tribunal Criminal N° 6 de Morón a cargo del fiscal Antonio Ferreras y de los jueces Alejandro Rodríguez Rey, Andrea Bearzi y Daniel Leppen, que tendrá comienzo el 4 de junio a las 9.

Con Ballarino me crucé en el juzgado una vez. Me impactó su mirada, que no valía nada. Una mirada indiferente, de impunidad y desprecio. No se disculpó, ni se inmutó. Es que ellos no parecen tener miedo.

Y con la “Doctrina Chocobar”, menos.

Fuente: La Garganta Poderosa

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