Crecen en la zona oeste las experiencias de agricultura familiar y las huertas agroecológicas

El objetivo es la soberanía alimentaria y promover el trabajo. Los casos de La Matanza y Morón. ¿Por qué estas prácticas evitan las tomas de tierras y qué pasa con la contaminación del agua?

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Con el objetivo de fortalecer la cultura del trabajo y otorgar herramientas a los vecinos, asociaciones civiles y organizaciones sociales impulsan cada vez más programas de huertas agroecológicas en el conurbano bonaerense. En un contexto atravesado por la crisis, la producción familiar de alimentos puede tener dos resultados: comer sano y a un precio más bajo.  

En La Matanza ya existen dos experiencias. La organización Libres del Sur impulsó en los últimos meses en Virrey del Pino, a la altura del KM. 44 de la Ruta 3, una “huerta de la economía social”. El líder del espacio en la Provincia de Buenos Aires, Jorge Ceballos, explicó a No Ficción que “son territorios de un cuarto o una hectárea, no más, que son cedidos por particulares a nuestro espacio para que puedan ser trabajados. No ponemos un peso, solo damos las herramientas a la gente para que trabaje”.

Libres del Sur tiene 7 experiencias de este tipo en toda la Provincia, y en el caso de Virrey del Pino están trabajando nueve personas que producen zapallo, acelga, choclo y morrones. “La iniciativa no surgió solo ante la crisis sino también porque según nuestros relevamientos hay chicos con malnutrición, por el consumo de carbohidratos, y la intención es llevar otros alimentos a las casas”, explicó Ceballos. El bolsón cuesta $200, trae hasta 5 kilos de verduras y se vende a vecinos directamente.

Otra experiencia que existe en la zona oeste es la desarrollada por la Unión Latinoamericana de Técnicos Rurales y Agrarios (ULTERA), que en Virrey del Pino promueven huertas comunitarias y en Morón se encuentran trabajando con gallinas ponedoras. “El espíritu es dar la pauta de las autonomías de los territorios, que muchas veces quedan anclados a la potestad de lo que la política diga. Damos a los vecinos capacitaciones de la tierra, el agua, la semilla, el calendario de siembra y otros temas del agro“, explicó Uriel Cababié, vicepresidente de la organización.

“La capacitaciones ya las dimos. Los vecinos ya tienen las herramientas y la experiencia”, contó Cababié, que inició con ULTERA el proyecto de Virrey del Pino en mayo del 2019 y del que ya se producen lechugas, acelgas, zanahorias, cebollas, habas y remolachas. “En nuestro caso por ahora no hay un nodo de comercialización de los productos, la idea es darle autonomía a los vecinos“, clarificó.

En medio de la pandemia hubo un avance de las tomas de tierras en el conurbano oeste, que no solo tuvo como escenario lotes privados sino también reservas naturales o granjas de productores. Afortunadamente, no fue el caso de las huertas comunitarias y familiares. Ceballos explica que “en primer lugar no se trata de grandes extensiones, y son de vecinos que ceden sus campos para que podamos trabajarlos”, aunque aclara: “en muchos casos lo hacen por el temor a la usurpación”.

Desde ULTERA lo grafican de la siguiente manera: “Trabajamos con productores de la agricultura familiar. Son vecinos y vecinas que tienen en comodato un terreno o que en el fondo de su casa hacen una huerta. No son terratenientes, sino gente que tiene el deseo de tener un alimento soberano“. Cababié, en cambio, explica que el conflicto que tienen es otro: la contaminación del agua.

Muchos de los espacios donde trabajamos tienen problemas con empresas que derrochan líquidos en el Río Matanza y eso genera problemas con las plantas de agua. Y eso hace que las napas se contaminen. Esto nos pasa en Virrey del Pino con la empresa Klaukol. Entonces los vecinos deben levantar la huerta, no hacerla al ras de la tierra sino más arriba”, explicó el vicepresidente de ULTERA.

Las iniciativas de las huertas comunitarias atraviesa un momento auspicioso. A las experiencias de la organizaciones sociales o asociaciones civiles se le suman los programas del Ministerio de Desarrollo Social, que ayer firmó un convenio con el el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) para contar con “apoyo para el Plan ProHuerta, un programa de políticas públicas que promueve las prácticas productivas agroecológicas para el autoabastecimiento y la educación alimentaria”.

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