Construyamos una escuela diferente

En este artículo, el autor recuerda al humorista Quino y comparte la lectura de Mafalda. Además, propone construir una escuela diferente. “Aún no sabemos cuándo vamos a volver a las aulas. Lo que sí está claro es que las y los docentes tenemos que volver mejores”, sostiene.

Construyamos una escuela diferente
Construyamos una escuela diferente

UNO: Comencé a pensar la redacción de este artículo unas horas antes de recibir la noticia de la despedida de Quino. Recordé que el año pasado llevé a mis estudiantes de primer año las historietas completas de Mafalda. Leamos una: “Comprensión y respeto, eso es lo importante para convivir con los demás, y sobre todo ¿sabés qué? No creer que uno es mejor que nadie”.

DOS: Pensemos el presente con Mafalda. ¿No es una falta de respeto que algunos gobernantes propongan regresar a las aulas en un contexto de pandemia? ¿No es una falta de respeto que los sectores conservadores de la Ciudad de Buenos Aires pidan la vuelta a clases presenciales de los alumnos que no tienen conectividad? ¿No es una falta de respeto que el Estado no garantice a los estudiantes las herramientas básicas para la conectividad y elija exponerlos al riesgo del contagio en plazas y escuelas?

TRES: Señoras, señores: díganme si no es una falta de respeto hacia los docentes, las familias y los adolescentes, ver un intendente fotografiarse junto a estudiantes del último año del nivel secundario en un espacio cerrado durante una prueba piloto de regreso a las aulas como si afuera
nada sucediera.

CUATRO: Leo en Página/12 una reflexión inteligente del gobernador Axel Kicillof. “Eran un gobierno que no sabía ni para qué eran las universidades, eran un gobierno que no entregaba computadoras para los chicos, pero ahora están desesperados por abrir las escuelas”.

CINCO: Desde el 20 de marzo las y los docentes de todo el país estamos desarrollando una tarea incansable para sostener la trayectoria educativa de las y los estudiantes. Aunque la pandemia Covid-19 nos obligó a mantenernos fuera de las escuelas, esto no significó que hayamos dejado de hacer nuestro trabajo. A tiempo récord nos adaptamos a estar lejos del aula y a que el vínculo pedagógico esté mediado por la tecnología. No estamos juntos en el espacio físico, pero utilizamos todos los medios que tenemos a nuestro alcance para posibilitar el acceso a los contenidos educativos. Sin pandemia, estaríamos en la escuela. Como siempre lo hicimos. Con pandemia, estamos en nuestras casas trabajando junto a nuestros estudiantes con el mismo compromiso y la misma convicción. Esta es una situación anómala para todos.

SEIS: Leo a Philippe Meirieu: “Los alumnos, cuando son grandes, nunca hacen aquello que se les ha dicho que hagan, hacen aquello que hemos hecho con ellos cada día. Todas las sociedades contemporáneas modernas han vivido en los últimos 20 años una escalada del individualismo social. Se ha perdido la confianza en el colectivo y se considera que cada uno tiene legitimidad para proseguir sus intereses individuales en detrimento del bien común. El peligro entonces es concebir una escuela que no sea inclusiva sino una escuela que se vuelva individualizada e individualista».

SIETE: Aún no sabemos cuándo vamos a regresar a las aulas. Lo que sí está claro es que las y los docentes tenemos que volver mejores.

OCHO: Construyamos una escuela diferente entre todas y todos. Demostremos que, además de cuidarnos y trabajar desde nuestras casas, en este tiempo de pandemia leímos, estudiamos y aprendimos.

NUEVE: Desde hace siete meses perdimos el contacto directo con nuestros estudiantes. Por eso mi propuesta es: cuando regresemos recordemos que el vínculo cara a cara y el diálogo personal con los alumnos es el tesoro más preciado que los docentes poseemos y representa lo fundamental en el proceso de enseñanza. Lo demás, es análisis sintáctico. Suma y resta. Multiplicación y división. Y en algún momento siempre se aprende.

DIEZ: Comencemos la construcción de la nueva escuela y hagámoslo con la lectura de Mafalda junto a su maestra y Manolito.
-Y el que no haya entendido que levante la mano.
-Veamos, Manolito, ¿qué es lo que no has entendido?
-Desde marzo hasta ahora, ¡nada!

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