Recuperada de Covid-19, habla Malvina, la directora del hogar golpeado por la pandemia

La institución que tutela a adultos con discapacidad reabre el lunes. Por el Covid-19 tuvieron dos residentes muertos y 33 infectados. En esta nota su directora y un profesor dan su testimonio.

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Aquel lunes a la mañana, Malvina Veloz tuvo miedo. En apenas 24 horas vio como esas historias de Coronavirus que cuentan en la tele llegaban a su vida: el virus había entrado al hogar para personas con discapacidad que ella dirige. Durante la madrugada un enfermero le dijo que dos residentes superaban el límite que separa a la gente de la sospecha de Covid-19: los 37.5 de fiebre. Y la licenciada no dudó: para las 8 había convocado a todo su equipo porque sabía que empezaba una semana dramática.

A principios de mayo el Coronavirus avanzaba en los geriátricos, pero hasta ese momento los hogares parecían a salvo. Sin embargo, en Ramos Mejía una institución iba a ver alterados sus días. Era el hogar Color Esperanza, que desde 2002 tutela a adultos con discapacidad. La semana del lunes 11 el centro fue cerrado, quedando adentro 37 residentes y 12 profesionales. El saldo por el Covid-19 fue de dos alumnos muertos y 25 contagiados, y ocho trabajadores infectados, entre los que estaban Malvina y su hijo.

La licenciada dialogó con No Ficción el miércoles 13 de mayo cuando este medio dio en exclusiva la noticia: en ese momento recién había 3 infectados internados y se aguardaban los hisopados del resto. A casi un mes de desatados los contagios, Malvina volvió a hablar con este medio desde su casa, donde se recupera del Coronavirus y planifica la reapertura de Color Esperanza para el próximo 8 de junio. «Tuve miedo. Mucho miedo. Nada nos asegura que esto no vuelva a pasar», se sinceró la directora del hogar.

¿Qué es lo primero que se le viene a la mente de esos días?

No voy a olvidar nunca la noche del jueves (14 de mayo) cuando hicieron los hisopados a 17 residentes en el hospital Posadas. Estaban bien los chicos, asintomáticos, de buen ánimo, querían jugar, y nos dijeron que todos eran positivos. Qué manera de llorar, qué bronca, qué impotencia. Pero esta es mi vocación. Ya me preparé una pieza en el hogar. Calculo que estaré el 8 de junio para volver. Y tengo un equipo para recibir a los chicos.

¿Cómo está ahora de salud?

Todavía tengo dolores de cabeza. Es evidente que este virus tiene una réplica rapidísima. Uno contagia a tres, y esos tres a nueve, y de nueve se va a 27. El tema es actuar rápido. Tengo miedo. Hay momentos que no quisiera que volviéramos hasta que no termine la pandemia. Y que los chicos se vayan con sus papás, pero hay muchos que no tienen familia. Vamos a sectorizarlos en las piezas, estamos planificando eso. Hoy también siento orgullo de haber actuado con la verdad, de frente y activando el protocolo enseguida. El lunes (11 de mayo) ya habíamos avisado sobre las sospechas.

Los residentes de Color Esperanza son personas de entre 20 y 60 años con discapacidades leves y severas. Algunos tienen familia que no pueden asegurar su cuidado y por eso los anotaron en la institución, pero otros no tienen a nadie.

Marcos Renta, uno de los acompañantes terapéuticos desde primera hora estuvo en el Hogar contó a No Ficción: «Las ambulancias caían una atrás de otra. Estuvimos a las corridas. Los chicos se iban solos, a nosotros no nos dejaban acompañarlos. Y a los residentes muy severos hubo que sedarlos, porque se brotaron».

En cinco días lograron evacuar a los 37 residentes. Y recién ahí pudieron hacer catársis. «Fue una película que no se la deseo a nadie. No dormimos una semana, teníamos que lograr que los chicos no salgan de las habitaciones para evitar contagios. Tuvimos dos fallecidos. Y así y todo teníamos que seguir. Y cuando logramos evacuarlos, ahí pudimos llorar», contó Renta, que el martes 19 de mayo él fue trasladado al hospital Balestrini porque su test había dado positivo.

Malvina, ¿qué enseñanza le dejó todo esto y qué te gustaría trasmitir?

A todos los profesionales, acompañantes terapéuticos, enfermeros y al equipo de Color Esperanza les agradezco en nombre de todos los pibes. El nivel de humanidad que tuvieron. Dejaron a sus familias para evacuar a los pibes. Y a la gente que trabaja en salud, que no tengan miedo de decir si hay un Covid-19. Y a los chicos, que les estamos preparando las piezas, preparando carteles, estamos preparando la vuelta. Vuelve la familia de Color Esperanza.

El hogar fue desinfectado dos veces por el municipio de La Matanza. Y a su vez la institución contrató a una empresa de limpieza para reforzar la higiene. Renta prefirió enviar un mensaje para el resto de la comunidad: «La gente piensa que es una mentira todo esto. Que es algo político. Y no es así. Cuando me llamaron el lunes a la mañana en ningún momento lo dudé y lo volvería a hacer. Creo que ahora tenemos que volver distintos, tenemos que ser menos egoístas».


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