Un año sin Diego Cagliero: homenaje a la amistad

“En los suburbios de La Habana, llaman al amigo mi tierra o mi sangre. En Caracas, el amigo es mi pana o mi llave: pana, por panadería, la fuente del buen pan para las hambres del alma; y llave por… -Llave, por llave- me dice Mario Benedetti. Y me cuenta que cuando vivía en Buenos Aires, en los tiempos del terror, él llevaba cinco llaves ajenas en su llavero: cinco llaves, de cinco casas, de cinco amigos: las llaves que lo salvaron”. Eduardo Galeano. “Celebración de la amistad/1”. En: El libro de los abrazos.

Un año sin Diego Cagliero: homenaje a la amistad
  • 18/05/2020
  • Por Sebastián Zárate
  • Periodista, docente y estudiante de la Licenciatura de Letras en la UBA

Quienes estamos comprometidos con la palabra tenemos que escribir. En el momento justo y preciso. El tiempo de hacerlo es hoy. Mañana será tarde.  

No conocí a Diego Cagliero. Pero conozco a sus amigas y amigos. Por eso este artículo, que está dedicado a la memoria de Diego, es, sobre todo, un homenaje a la amistad.

A Diego lo mató la policía bonaerense el 19 de mayo de 2019 en un caso de gatillo fácil. Era músico. Tenía 30 años. Su compañera Sofía estaba embarazada de cuatro meses.

A las amigas y los amigos de Diego los conocí después del crimen. Tengo la fortuna de encontrarlas y encontrarlos en alguna peña o festival de rock o cumbia que organiza la Asociación de Fomento Martín Coronado.

El presente nos encuentra unidas y unidos en una tarea solidaria para hacerle frente a la pobreza. Que en este tiempo de pandemia vemos crecer día a día. Todos los domingos organizamos una olla popular en Pablo Podestá.

Hoy no es un día cualquiera. Porque recordamos al amigo de mis compañeras y compañeros. Porque hace un año que Adriana y Horacio no tienen a su hijo. Porque hace un año que Paula y Yamila no tienen a su hermano. Porque hace un año que Sofía no tiene a su compañero y hace ocho meses que el bebé Camilo crece sin su padre.

El deseo de escribir nace a partir de algo. Me arrojo a la escritura en momentos de angustia y tristeza. Porque la angustia siempre está y estará. Sólo hay que saber transitarla para seguir viviendo. Se escribe para vivir.

El presente es un tiempo de angustia.

Mientras escribo, en el Barrio Padre Carlos Mugica de Retiro, ex villa 31, las villeras y los villeros lloran la muerte de Ramona, la comunicadora de La Poderosa, y de Víctor Giracoy, que gestionaba el comedor “Estrella de Belén”.

El virus que mata mató a la mujer que era la voz de los pobres. De los que tienen poco pero siempre comparten mucho. Ramona era pobre y tenía el poder de la palabra en el barrio. Ramona hacía y decía. Y ya sabemos cómo actúan el capitalismo y el Estado frente a los pobres que se comprometen, dicen y hacen para transformar la realidad del conjunto.

No sé en qué situación particular te encuentra la lectura de este artículo. Pero te pregunto: ¿en serio no te angustia saber que pocos tienen mucho, muchos poco y muchísimos más casi nada? ¿En serio no te angustia saber que a un músico de 30 años lo mató la policía luego de disparar a una camioneta desde un patrullero? ¿En serio no te angustia saber que el virus que mata mató a Ramona Medina y Víctor Giracoy? Vida triste, la tuya, si esto que te cuento no te angustia.

Como Ramona y Víctor, las amigas y los amigos de Diego hoy ponen el cuerpo. Actúan y se comprometen. Las veo comprometidas con la comisión de género constituida en la Asociación de Fomento y también las veo y los veo organizando la olla popular del próximo domingo y programando festivales para juntar fondos que permiten sostener el crecimiento del Instituto Secundario Martín Coronado.

-Considero que poner el cuerpo en el presente es el mejor homenaje que sus amigas y amigos le pueden hacer hoy a Diego. ¿Estás de acuerdo, Joaquín?

-No es del todo cierto, Seba, que ese sea el mejor homenaje. Al menos para mí. Quizá para otros sí. Y te voy a explicar por qué. A Diego lo conocí a través de la música y a partir de ahí desarrollamos una amistad. Si yo pienso en esa experiencia que vivimos y atravesamos, por supuesto que en el escenario se pone el cuerpo. Pero antes hay que pensar. Para componer, organizar y armonizar acordes que permitan una armonía ajustable. Componer canciones es escribir y armar un sistema de letras y sonidos que le dan sustento a lo que significa poner el cuerpo. Mi experiencia, Seba, me permite decirte que muchas veces, cuando se pone el cuerpo sin una idea que sustente esa acción, la situación no termina bien.

-Lo que vos querés decir, Joaquín, es que es un sinsentido poner el cuerpo por el solo hecho de hacerlo.

-Es que no tiene sentido ni para el individuo ni para la sociedad. Nosotros, con Diego, poníamos el cuerpo en el escenario y lo hacíamos con una idea detrás: la canción. Por eso, el mejor homenaje que hoy podemos hacerle a Diego es elaborar ideas a partir de la sensibilidad y la lucha contra la injusticia y la desigualdad. Estas problemáticas son las que nos tienen que convocar. Primero a generar ideas y luego, sí, a poner el cuerpo.

-También considero que otra forma de homenajear a Diego es seguir componiendo canciones y organizando festivales para que muchos músicos puedan expresarse. ¿Compartís, Julito, esto que digo?

-Es cierto lo que decís, Seba. Mantener viva la memoria de un artista es seguir dando lugar a quienes están componiendo canciones y nos permiten escuchar su música. Y vos sabés que justamente ese era el pensamiento de Diego, o Diego loco, como le decíamos en el barrio. Él siempre remarcaba lo importante que era poder darle lugar al otro. En la vida y en los escenarios. Por eso, a sus amigos, a la familia, a la sociedad, nos compromete el ejercicio de la memoria. Para no olvidar lo que sucedió y para que la voz de Diego se siga escuchando en el barrio y sus banderas continúen flameando.

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