La nueva sede de la UNLaM en Catán traerá posibilidades pero también una batalla política

La descentralización de la casa de estudios muestra en su contracara una nueva disputa con historia de larga data

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La ampliación de los límites de la Universidad Nacional de La Matanza parece un hecho. Después de varios años de paralización, la sede académica de González Catán recibió el espaldarazo del Ministerio de Educación de Nación: estará lista para recibir a alumnos del sur del distrito y acortarle las distancias para cursar tanto el ingreso como así también algunas carreras.

Sin dudas, este nuevo hito de la universidad matancera abre un abanico de oportunidades para muchos jóvenes de las zonas más alejadas de la sede central en San Justo, pero también desata una nueva disputa de poder político entre viejos conocidos.

El flamante edificio universitario está enclavado en el kilómetro 32,5 de la Ruta 3, detrás de la Delegación Municipal Descentralizada Sur. En 2013 la comuna, encabezada por Fernando Espinoza, invirtió 152 millones de pesos para construir el edificio y unos 61 millones en equipamiento para cederlo como anexo de la UNLaM. Durante una recorrida en 2016 por el lugar de la entonces intendenta Verónica Magario, se informó que el establecimiento albergaría a unos 1200 alumnos, con posibilidad de ampliar la capacidad a 5.000 en total.

«No es habitual que un municipio ponga tierras e infraestructura para cederlas a una universidad, pero hay casos donde hacen inversiones. Por ejemplo, (el intendente) Mario Ishii en José C. Paz con la Universidad de General Sarmiento, pero obviamente nadie hace eso sin pedir nada a cambio», dijo a este medio un funcionario que camina a diario por el Palacio Pizzurno.

Eso siempre lo supo el rector de la UNLaM, Daniel Martínez, que desde hace años trabaja para frenar el avance del poder local dentro de las fronteras de la universidad. Muchos y sin éxito fueron los intentos de Espinoza para conseguir espacios e injerencia dentro de la casa de estudios, pero ahora con la sede de Catán, ve la posibilidad concreta de construir desde las bases una estructura eficaz para comenzar a disputarle el poder a Martínez; y de paso obtener espacios para dar respuesta y aliviar varias tormentas que el intendente tiene en el frente interno.

Ajedrez

Tanto Esteban Bullrich como Alejandro Finocchiaro «freezaron» el avance de la sede de Catán durante sus períodos al frente del Ministerio de Educación en la era macrista. Sabían que cualquier medida en ese sentido era un punto a favor para el intendente kirchnerista.

Martínez estaba cómodo con esa situación: le daba margen para afinar su estrategia y demoraba en el tiempo el irremediable encuentro en el que Espinoza le reclamaría en su propia cara su parte en todo este asunto. 

Ese día llegó hace un mes, el 12 de septiembre, cuando ambos se vieron los rostros con el ministro Nicolás Trotta como mediador. Tras el encuentro, del que también participó la secretaria de Ciencia, Tecnología y Políticas Educativas de La Matanza, Silvina Gvirtz, y el secretario de Políticas Universitarias, Jaime Perczyk, se anunció ante las cámaras que estarían disponibles las tan ansiadas partidas presupuestarias para poner en marcha Catán.

Sin embargo, las sonrisas para la foto tuvieron su Lado B. “Fernando una vez más pidió cargos y puestos en la universidad; y el rector se opuso, hasta que finalmente cuando el ambiente tomaba temperatura el ministró tomó posición por el intendente” confiaron las fuentes.

Esto terminó de dinamitar los pocos puentes que sostenían la relación entre ambos dirigentes, y las repercusiones todavía están por verse.

Los fondos

Si bien siempre hay detractores, es innegable que Martínez cosecha reconocimientos por administrar con éxito los destinos de la UNLaM. Desde su arribo al rectorado, hace más de dos décadas, la universidad creció tanto en oferta de carreras como en calidad académica. Es la casa en la que se gradúa la mayor cantidad de alumnos que viven en el conurbano, muchos de ellos primera generación con educación superior.

Pero cerca del rectorado, señalan que ya se empiezan a ver las consecuencias de esa reunión en vistas a 2021. Las partidas que serán destinadas para Catán podrían hacer mella en San Justo. Para todas las universidades públicas se plantearon 230 mil millones de pesos, un 19% más que el año anterior. Todo esto, teniendo en cuenta que este año se mantuvo el presupuesto de 2019 y que durante la gestión de Macri hubo un fuerte recorte a la educación.

No obstante, desde la casa de estudios matancera señalan que recibirían muchos menos recursos respecto a otras universidades públicas como parte de esta estrategia para que Martínez ceda. “De acuerdo a los números que se están manejando, la UNLaM contaría con plata hasta mayo. Después, tendría que echar gente, además de hacerse cargo de la apertura de la sede de Catán”, insistieron.

Un poco de historia

El antecedente más claro y reciente de estas diferencias en torno a la sede Catán fue en 2017 cuando Espinoza era diputado nacional. En plena sesión de presupuesto pidió al gobierno de Macri “fondos para que la sede empiece a funcionar” considerando la falta de respuestas una clara muestra de mezquindad política por parte del macrismo.

En esa oportunidad, la reacción de la UNLaM fue rápida y contundente: acusó a Espinoza de “utilizar un organismo nacional, autónomo y autárquico para obtener rédito político propio”.

Un funcionario con llegada territorial en González Catán agregó: “el proyecto se terminó durante el macrismo con recursos del municipio. Hay una disputa porque desde la sede de San Justo quieren manejar toda la organización educativa de Catán y el municipio quiere tener alguna injerencia”.

Estas diferencias no se circunscriben únicamente a la nueva sede, sino que es una constante. Los intentos del poder municipal por lograr puestos en los claustros tienen sus respuestas en la arena política electoral desde la universidad cada dos años. Sin ir más lejos son conocidas las incursiones años atrás de dirigentes cercanos al rectorado en las boletas opositoras al oficialismo matancero encabezadas por Francisco de Narváez en un caso o de Florencio Randazzo en otro.

«Así, Martínez mantiene activas sus pretensiones políticas y juega la interna local desde la universidad» añade la misma fuente. La áspera relación con Espinoza parece tener un solo aliciente: la vicegobernadora Verónica Magario. Es que algunas voces ponen de manifiesto que en 2016 una acción concreta de la entonces intendenta matancera sacó de un aprieto a la UNLaM. «Con los recursos de amparo que presentó para evitar los tarifazos en los servicios, frenó una situación que ponía en riesgo el funcionamiento de universidad frente a millonarias facturas de luz», recordaron.

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