Debían viajar a Tailandia para tratar a su hija con parálisis, pero la cura puede estar en Castelar y piden ayuda

Se tratra de Luján, una niña de cinco años de Ituzaingó. Su familia iba a viajar a otro continente, pero encontraron un tratamiento esperanzador en el municipio de al lado.

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Ailen hace cinco años fue mamá en Salta y sufrió violencia obstetricia de todo tipo. A raíz de eso, su hija Luján, nació pon poca vitalidad y estuvo un mes internada con respirador. Una tomografía demostró que por todo lo padecido la niña tenía parálisis cerebral y síndrome de West, también conocida como epilepsia en la infancia. Instalados en Villa Udaondo, Ituzaingó, los padres de la niña no dejaban de pensar en cómo ayudarla y empezaron a ahorrar para llevarla a tratar a Tailandia.

Nunca se lo imaginaron, pero la esperanza para su hija estaba en Castelar: hace tres semanas que Luján se puso de pie. «Empezamos un tratamiento de masoterapia cubana en la Fundación Caminemos y Ronald Mora, y el día de la primer consulta ya vi un cambio: mi nena siempre tenía las manos duras y cerradas. Pero ese día sus manos se soltaron y quedaron sumamente livianas«, le contó a No Ficción Ailen Ruggiero, mamá de la niña.

Si bien el tratamiento no es tan costoso como el que implicaba el viaje a Tailandia, para la familia de Luján no es para nada accesible. «Lo debe hacer por un año y medio o un poco más y nos sale 85 mil por mes», comentó Ailen. En total, la suma es de más de un millón y medio de pesos y por eso piden ayuda: publicaron su número de CBU, juntan tapitas y hasta venden su auto. La madre explicó que al estirarles las piernas la nena «lloraba de dolor y ahora es como si nada, no llora, antes no podía pararla porque lloraba, y cuando vi esos cambios decidí comenzar el tratamiento acá».

La historia de Luján y sus avances se reflejan día a día en su página de Facebook, donde uno puede contactarse con la familia para brindar ayuda. Su caso, tratado por el cubano Ronald Mora y egresado de la carrera de “Terapia Física y Rehabilitación” en la Habana, despertó una esperanza que trasciende la salud: encontrar una vida mejor es posible, y para lograrlo no siempre hay que viajar lejos. La atención puede estar en el municipio vecino.

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