Cómo fueron las horas previas al allanamiento en Los Cedros: hablan familiares de pacientes

Una acompañó a su mamá. La otra a su abuela. Ambas se animaron a contar como fueron los días entre la sospecha de contagios, las denuncias y el arribo de la policía.

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En La Matanza ya no era un secreto ni una simple sospecha: hace años que la Clínica Los Cedros de San Justo había sido señalada como un lugar «poco confiable» para atenderse, sobre todo cuando se trataba de afiliados al PAMI. Y como todo lo que toca la pandemia, en las últimas semanas la situación se agravó. Las denuncias en redes sociales por la falta de protocolo del Covid-19 se transformaron en denuncias periodísticas; y los contagios y una muerte derivaron en una investigación judicial. El nosocomio era, como se dice en el barrio, una bomba a punto de estallar.

Mientras avanza una investigación de la Justicia Federal, No Ficción pudo reconstruir los momentos previos al allanamiento del jueves 30 de abril a raíz de las denuncias presentadas por los municipios de Hurlingham y Esteban Echeverría. Los cambios de hábitos dentro de la clínica un día antes de la llegada de la Policía Federal (P.F.), el trato a los profesionales, la conducta con los pacientes y mucho más. Todo contado por dos familiares de jubiladas que estuvieron en Los Cedros la semana pasada.

«Mi abuela entró el lunes 27 por una bronquitis. Los de la ambulancia del PAMI la hisoparon por posible Covid-19. Y el martes 28 a las 10 de la mañana nos avisaron que había dado negativo y que podíamos ir a la clínica a cambiarla, porque ella está postrada», contó Laura, que estuvo cuatro días en la clínica. «Como llegó como sospechosa, nos dijeron que iba a estar en el tercer piso. Pero cuando nos dan el alta, el policía de la puerta me dice que el segundo piso era el que estaba cerrado para Coronavirus», relató.

Patricia también vivió días angustiantes en Los Cedros, pero con su mamá: «la internamos el martes 28 por un dolor abdominal. Entramos por la guardia, y hubo un caso de posible Covid-19. Recién ahí se pusieron todo el equipo e hicieron la desinfección. Ese día, ni los enfermeros, ni médicos ni los de limpieza estaban equipados, ni gafas ni barbijos. Y para el miércoles 29, cerca de las dos de la tarde, empieza a haber mucho movimiento. Mi hermana me dijo que estaba pasando algo raro».

Laura precisó que «el miércoles a las siete de la tarde empezaron a repartir los trajes blancos con cierres hasta la cabeza, y después apareció el personal de limpieza y las enfermeras con esa ropa. Los médicos solo estaban con barbijos y guantes». Algo había pasado esa tarde para que haya un cambio abrupto en la conducta de los profesionales. Patricia, que se quedó a acompañar a su mamá durante esa noche contó el calvario que vivieron.

«Escuché en la habitación de al lado que un médico dice que había un paciente con Covid-19 y que tenían que sacarlo de ahí, y le dice al acompañante que se tenía que ir a la casa a hacer cuarentena. Y a los otros apañantes que tenían que dar los teléfonos, porque se confundieron al ponerlo ahí (al caso sospechoso)«, contó Patricia, hoy en aislamiento tras sus días en los Cedros. «Yo le pedí al médico el alta de mi mamá, porque había un contagiado, y me dijo que no, que era un posible caso pero que no pasaba nada», relató.

En la mañana del jueves 30, Patricia se preparaba para volver a su casa, pero su hermana, que debía reemplazarla, la llamó: «no me dejan entrar». Un rato después apareció una mujer a dar explicaciones: «la directora, de nombre S. nos dijo que esto era un protocolo, y que iba a venir PAMI, Provincia y La Matanza a verificar la clínica. Como algo normal». Para ese momento, ya habían llegado los investigadores para hacer el allanamiento.

«El jueves que se armó el revuelo, los familiares estuvimos desde las 7 de la mañana sin comer, sin que nos den un té, nada. No nos dejaban salir a comprar. La verdad que fue tétrico. Nos decían que no salgamos de la habitación, y después nos dejaban en los pasillos», relató Laura, quién precisó: «La Policía andaba en todos los pisos, y se estaban llevando expedientes. Y ahí nos dieron barbijos a nosotros y a los abuelos».

Patricia contó que «a las cinco de la tarde llegaron los canales de televisión». Fue ahí cuando comenzó a presionar para llevarse a su mamá: «una doctora me dijo que la clínica estaba declarada en cuarentena. Yo casi me muero. Y a las 18 nos dieron el alta, pero no nos hicieron ningún testeo. Les comenté que mi hermana, mi mamá y yo estuvimos en la clínica y que tenemos a mi papá de 72 años, con problemas cardíacos y diabético. Y nos dijeron todo lo normal para el cuidado de Covid-19, pero en ningún momento nos tomaron una declaración jurada, ni preguntaron a dónde nos vamos, en qué o cómo. Nada de nada».

Por su parte, Laura tuvo que pasar una noche más junto a su abuela: «Me la traje el viernes 1 de mayo, y no nos hicieron firmar nada». Para peor esta semana la señora volvió a levantar fiebre: «el médico que la vino a ver me dijo que ahora está con neumonía, que si no necesita oxígeno no la pueden llevar a internar porque hay muchos casos positivos y está cerrada la clínica«.

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