Pasaron 4 años presos por el brutal crimen de una docente de Haedo, pero eran inocentes

La policía es apuntada por fabricar pruebas, mientras los culpables siguen impunes.

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En la madrugada del 18 de febrero de 2017, Sandra Judith Viviano, docente de 52 años, viuda y madre de tres hijos, fue asesinada de un balazo en la nuca, cuando tres delincuentes intentaron robar su camioneta Renault Duster gris, en las inmediaciones de su casa de Haedo, Morón.

Esa misma mañana, a unas veinte cuadras del hecho, la policía capturó a Luciano Leguizamón y a Walter Leivas, cuando supuestamente escapaban en otro auto robado.

“Decir que la investigación fue pésima es para ser bueno, no quedaban dudas de que la acción policial en esta causa fue mala”, dijo a Télam el abogado Fernando Cabrera, representante del mayor de los involucrados.

La abogada María Inés Terrizzano, representante del hermano de la víctima, constituido como particular damnificado, coincidió: “Leguizamón no sabía leer ni escribir, nunca había ido a la escuela, trabaja desde chico como trapito, realmente le hicieron un daño muy profundo porque con esto que le hicieron le sacaron las pocas herramientas propias que podía tener”.

El Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 1 de Morón, las defensas de los acusados y hasta la propia familia de la víctima cuestionaron la investigación policial realizada tras el crimen de la docente, al punto que consideraron que los imputados ni siquiera estuvieron en el lugar de los hechos.

Leguizamón (24) y Leivas (38) estuvieron presos durante cuatro años, mientras se desarrolló el juicio “homicidio criminis causa”, el cual prevé una pena de prisión perpetua.

Los jueces Mariana Maldonado, Claudio Chaminade y Juan Carlos Uboldi ordenaron la inmediata libertad de los imputados, quienes hasta el momento del asesinato no tenían antecedentes penales.

El fiscal de juicio, Alejandro Varela, solicitó en su alegato que se abra una investigación por presunta “falsedad ideológica”, ya que en dos actas del expediente no coincidían las firmas con las originales de los testigos, por los “apremios ilegales” que denunció Leguizamón y por “incumplimiento de los deberes de funcionario público” de algunos efectivos.

“CAUSA ARMADA”

“Hubo mucha prueba tecnológica, hubo muchas cámaras, cruces de llamadas y a través de eso se pudo determinar que ni Leivas ni Leguizamón estuvieron ahí”, explicó la abogada querellante Terrizzano.

Sin embargo, en el juicio oral, varios policías declararon como testigos así también como un hombre al que supuestamente los mismos autores del asesinato le habían robado su auto.

El día del crimen de la docente, un grupo de delincuentes sustrajeron un auto New Beetle blanco que luego apareció abandonado en el complejo Ejército de Los Andes, conocido como Fuerte Apache, en Ciudadela, justo sobre la vereda de la casa de Leivas.

Según el abogado defensor Cabrera, “la policía (Comisaría 2da de Haedo) dijo que cuatro vecinos los habían visto (a los acusados) y en realidad esos supuestos testigos podrían haber sido los autores del hecho o directamente pudieron no haber existido”.

Al día siguiente, los efectivos interceptaron a Leivas por la calle pero entró corriendo a su casa, donde hallaron un arma de fuego, un cuchillo y drogas, aunque el fiscal Varela puso en duda la procedencia de esos elementos.

Tras ello, Leivas fue detenido al igual que Leguizamón, a quien minutos antes apresaron cuando estaba caminando con su pareja por el barrio.

Luego, el propietario del New Beetle fue convocado a la seccional para una rueda de reconocimiento pero, en realidad, le señalaron que Leivas había sido el autor del asalto y le pidieron que firme el acta de detención.

“Leivas no quiso firmar el acta y buscaron a uno que estuviera en la comisaría y le dijeron al dueño del auto sin preguntarle qué hacía ahí, o sea se lo mostraron y con posterioridad hizo el reconocimiento que fue totalmente viciado”, indicó la abogada Terrizzano.

La letrada relató que, tras la absolución, el defensor oficial, el defensor particular y la jueza terminaron emocionados por lo que ambos tuvieron que vivir durante estos años.

“Ver que se vicia y se tergiversa la prueba, que se deja gente inocente presa y encima que un caso tan grave de una laburante asesinada termine impune es terrible”, concluyó la letrada.

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