El mercado laboral del Gran Buenos Aires atraviesa un escenario de fuerte deterioro, marcado por la combinación de desempleo, informalidad y pérdida de puestos de trabajo registrados. Los datos correspondientes al primer trimestre de 2026 muestran que conseguir un empleo no necesariamente significa acceder a un trabajo estable o con derechos laborales, mientras que una parte importante de quienes ya tienen una ocupación continúa buscando otra alternativa para mejorar sus ingresos.
El diagnóstico surge del informe sobre los principales indicadores sociolaborales del Área Metropolitana de Buenos Aires elaborado por el Instituto de Estudios y Formación de la CTA, a partir de datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC y del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA).
En los partidos del Gran Buenos Aires, la tasa de desocupación llegó al 9,7% de la población económicamente activa, por encima del 7,8% registrado para el conjunto de los 31 aglomerados urbanos relevados por el INDEC. En números absolutos, son alrededor de 615 mil personas que buscan trabajo y no lo encuentran.
Pero el problema no termina allí.
A esa cifra se suman aproximadamente un millón de personas que tienen un empleo pero buscan activamente otro, un indicador que refleja la presión que existe sobre quienes permanecen ocupados pero consideran insuficientes sus actuales condiciones laborales o ingresos.
En otras palabras, en los partidos del GBA hay alrededor de 1,62 millones de personas entre desocupadas y ocupadas que buscan otro trabajo. El dato permite dimensionar una crisis laboral que no se expresa únicamente en la falta de empleo, sino también en la dificultad para conseguir trabajos capaces de garantizar ingresos suficientes y cierta estabilidad.
Cuatro de cada diez asalariados están en la informalidad
Uno de los datos más contundentes del informe aparece al observar la calidad del empleo.
La tasa de informalidad entre los asalariados de los partidos del GBA alcanzó el 40,5% durante el primer trimestre de 2026. Es decir, aproximadamente cuatro de cada diez trabajadores asalariados se encuentran fuera del registro laboral.
La situación es todavía más marcada entre las mujeres: la informalidad alcanza al 44,9% de las asalariadas, frente al 36,8% entre los varones.
El contraste con la Ciudad de Buenos Aires también resulta significativo. Allí la informalidad asalariada se ubicó en 25,6%, mientras que para el conjunto de los 31 aglomerados urbanos llegó al 37,9%. El conurbano, por lo tanto, se encuentra por encima del promedio nacional.
El fenómeno tiene una consecuencia que excede las estadísticas de empleo: el trabajador informal queda, en general, fuera de derechos asociados al empleo registrado, como aportes previsionales, cobertura de salud vinculada al puesto, licencias y otros mecanismos de protección laboral.
En un territorio donde una porción importante de los hogares depende directamente de los ingresos provenientes del trabajo, la precarización laboral también termina impactando sobre las condiciones de vida.

Más de 84 mil puestos registrados menos en la provincia
El otro indicador que permite observar el deterioro es el empleo asalariado registrado del sector privado.
Según los datos del SIPA utilizados por el informe, entre noviembre de 2023 y mayo de 2026 la provincia de Buenos Aires perdió 84.300 puestos de trabajo asalariados registrados del sector privado, al pasar de 2.019.700 a 1.935.400 trabajadores.
La caída equivale al 4,2%.
El dato provincial debe leerse con una salvedad: las estadísticas del SIPA no permiten separar la evolución de los partidos del Gran Buenos Aires del resto de la provincia. Por eso, no es posible afirmar que los 84.300 puestos perdidos correspondan exclusivamente al conurbano. Sí permiten, en cambio, observar el retroceso del empleo privado registrado en el principal distrito económico y demográfico del país.
A nivel nacional, durante el mismo período se perdieron 241.200 puestos registrados privados, una caída del 3,8%. La provincia de Buenos Aires tuvo, de esta manera, un retroceso algo superior al promedio nacional.
El informe también señala que el deterioro del empleo registrado profundizó un estancamiento que, según sus autores, ya se venía observando en el mercado laboral argentino durante la última década.
Un mercado laboral con menos margen
La foto del primer trimestre de 2026 muestra además diferencias importantes dentro del propio AMBA.
Mientras en los partidos del GBA la tasa de actividad fue del 48% y la de empleo del 43,4%, en la Ciudad de Buenos Aires llegaron al 53,4% y 50,8%, respectivamente.
La diferencia también aparece con claridad al comparar la desocupación: 9,7% en el GBA contra 4,8% en CABA.
Esto significa que el promedio del AMBA puede ocultar una realidad mucho más compleja en los municipios del conurbano. De hecho, la tasa de desocupación del conjunto del área metropolitana fue del 8,7%, pero la situación de los partidos del GBA fue sensiblemente peor.
El problema tampoco se limita a quienes no tienen empleo. Entre los ocupados del AMBA, la subocupación alcanzó al 11,4%, con una incidencia mayor entre las mujeres. En el caso de los ocupados que buscan otro empleo, la tasa fue del 14,8% para todo el AMBA.
Las mujeres, entre las más afectadas
La desigualdad laboral también aparece al analizar los indicadores según género.
En el AMBA, la tasa de actividad fue del 70,3% entre los varones y del 53,8% entre las mujeres. La tasa de empleo, en tanto, alcanzó el 64,4% entre los hombres y el 48,9% entre las mujeres.
Pero las diferencias se vuelven especialmente visibles al observar la precariedad: 44,9% de las asalariadas de los partidos del GBA son informales, frente al 36,8% de los varones.
El informe vincula esta situación con la histórica distribución desigual de las tareas de cuidado, que condiciona las posibilidades de las mujeres de acceder a empleos de jornada completa y a puestos de mayor remuneración. También señala el peso de sectores como el trabajo en casas particulares, caracterizados por elevados niveles de informalidad y salarios bajos.
La crisis laboral se traduce en pobreza
El deterioro del mercado de trabajo se desarrolla, además, sobre una estructura social particularmente vulnerable.
Los últimos datos de pobreza incorporados en el informe corresponden al segundo semestre de 2025 y muestran que el 32,6% de la población de los partidos del GBA se encontraba por debajo de la línea de pobreza, mientras que el 8% estaba en situación de indigencia.
El contraste con la Ciudad de Buenos Aires vuelve a ser marcado: 9,6% de pobreza y 2,6% de indigencia.
Para el conjunto del AMBA, la pobreza alcanzó al 28,3% de la población y la indigencia al 7%. En términos absolutos, el informe estima que más de 4,5 millones de personas del AMBA vivían en hogares cuyos ingresos no alcanzaban para cubrir una canasta básica de bienes y servicios, mientras que más de 1,1 millones se encontraban en hogares cuyos ingresos no alcanzaban siquiera para cubrir la canasta básica alimentaria.
Aunque estos últimos datos corresponden a un período anterior al relevamiento laboral del primer trimestre de 2026, permiten dimensionar el contexto social en el que se desarrolla el deterioro del empleo.
Un problema que atraviesa al Oeste
Para los municipios de la zona Oeste del conurbano, los indicadores adquieren una dimensión particularmente relevante. La realidad laboral de los partidos del GBA no se reduce a la cantidad de puestos de trabajo disponibles: también está determinada por qué tipo de empleo se consigue, cuánto dura, qué ingresos genera y si cuenta o no con protección laboral.
El dato de que cuatro de cada diez asalariados del conurbano estén en la informalidad muestra que una parte considerable del mercado de trabajo funciona por fuera de los mecanismos tradicionales de registración.
A la vez, los más de 600 mil desocupados y el millón de ocupados que buscan otro empleo revelan una presión significativa sobre el mercado laboral.
La combinación de ambos fenómenos configura un escenario en el que tener trabajo dejó de ser, por sí solo, una garantía de estabilidad económica.
El desafío para el Gran Buenos Aires no parece limitarse entonces a recuperar los puestos perdidos. También implica generar empleos registrados, estables y con ingresos suficientes para evitar que la recuperación de la ocupación se produzca a costa de una mayor precarización.
Los números del primer trimestre de 2026 muestran, en definitiva, un mercado laboral del conurbano bajo presión: más desempleo que el promedio nacional, una informalidad que alcanza al 40,5% de los asalariados y una fuerte pérdida de empleo privado registrado en la provincia. Detrás de cada porcentaje hay hogares que dependen de un mercado de trabajo cada vez más exigente y con menos margen para quienes buscan incorporarse o permanecer en él.







