El rector de la UNLaM contó las claves del modelo de administración de la universidad

Fue en el acto de asunción como miembro de número de la Academia Nacional de Educación.

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En la exposición titulada “La gestión de la universidad pública en la Argentina, hacia un modelo innovador equilibrado y eficiente”, Martínez repasó la historia de la UNLaM desde su creación. Recordó que, cuando estudiaba en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, tenía más de dos horas de viaje desde La Matanza.

“Quienes vienen atrás nuestro no tienen que pasar por eso”, pregonaba junto a sus compañeros de cursada. Tras dialogar sobre el tema con el decano de la Facultad de Ciencias Económicas, lograron el respaldo para firmar un acuerdo con el intendente Federico Russo que permitió hacer una sede en La Matanza, en la localidad de Isidro Casanova. “Y después llevamos carreras de Sociales y fue creciendo; sirvió de base para la ley de la Universidad Nacional de La Matanza”, recordó.

Administración responsable y un modelo innovador

Tras trazar una breve reseña histórica del sistema público argentino, el Rector se detuvo en la supresión de aranceles para explicar el sentido que le imprime su gestión a la hora de administrar recursos: “La universidad no es gratuita porque la pagan todos los ciudadanos y muchos de ellos nunca van a ir a la universidad. Quizás ni siquiera sus hijos vayan. Entonces, entiendo que debemos ser muy cuidadosos y tener una administración responsable”.

En relación al surgimiento de nuevas universidades, ponderó la idea de “acercarse más a los barrios”, pero remarcó la importancia de estudiar “dónde se van a conseguir los recursos humanos”. “No hay universidad sin estudiantes, pero el de los profesores es el recurso más valioso que tiene la universidad; son las personas que hay que formar y que van a formar a futuros profesionales”, expuso.

“Nosotros implementamos un modelo innovador. Tenemos un no docente cada 100 estudiantes y, a diferencia de muchas universidades, un profesor cada 28 estudiantes. De este modo, la Universidad se ahorra unos 70 sueldos. Eso no quiere decir que haya menos calidad. Toda esa plata que uno ahorra la puede destinar a investigación, inversión en tecnología, construcción de aulas, en infraestructura”, continuó.

El rector de la UNLaM contó las claves del modelo de administración de la universidad, entre ellas, la bibleoteca Leopoldo Merechal abierta en 1991.

Por otra parte, precisó que, en los inicios de la UNLaM, se apeló al “ensayo y error” para encontrar la mejor manera de acompañar el paso de la escuela secundaria a la universidad. Así, surgió el Curso de Ingreso, “que el estudiante hace en forma paralela con la universidad y sirve como proceso de adaptación a la vida universitaria”.

Y explicó otras claves del bajo porcentaje de deserción en la UNLaM: “En las universidades públicas, en el primer año está el 40% de deserción. En la UNLaM es solo el 10. Descubrimos que el 22% dejaba la carrera por falta de información y porque nadie ayudaba al estudiante a conocer sus cualidades. Entonces se empezó a tomar un examen de orientación vocacional para que tomen la decisión con todas las herramientas en la mano”.
“Ustedes piensen que el 90% es primera generación de estudiante universitario en la familia. ¿Quién lo va a ayudar? Entonces, lo que hace la Universidad es orientarlo. Y ayuda muchísimo porque ese 20% que eligió mal porque tiene habilidades pero está desorientado, se mejora. Por eso solamente tenemos el 10% de deserción y seguimos investigando a ver por qué”, agregó.

Investigación e infraestructura

En tanto, el flamante miembro de número de la Academia Nacional de Educación destacó la importancia de la investigación, al puntualizar: “Las universidades son las que generan la mayor cantidad de investigaciones en la Argentina. Pero tienen que ser un tema de interés de la universidad, del Estado, de la sociedad, no del investigador. Tenemos que ocuparnos de ver qué problema tiene la sociedad”.

“El Estado es el que debe direccionar la oferta y la universidad debe vigilar y controlar que las investigaciones sean serias y prudentes y que eso sirva a la sociedad, que eso tenga una utilidad”, añadió.

El primer año academico de la Universidad Nacional de La Matanza fue el 15 de abril de 1991.

Y, sobre el crecimiento en materia de infraestructura, indicó: “Nosotros pudimos hacer muchas cosas. Este año construimos 4.000 metros cuadrados en la Universidad. Y lo hicimos con recursos propios, porque lo que nos da el Gobierno se usa para solventar gastos corrientes”.

Sobre el cierre, aseveró que “todas las universidades son absolutamente heterogéneas”. “Cada una tiene su particularidad y lo que funciona en una universidad no quiere decir que vaya a funcionar en otra. Seguramente hay universidades que lo que dije acá no le resulta conveniente o no aplicable. Hay universidades más grandes, otras más chicas. Pero sí se puede aplicar el sentido común para administrar; sí se puede ser eficiente para administrar”, cerró.

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