A seis meses de la muerte de un agente penitenciario en González Catán, su familia pide justicia

El oficial murió atropellado por un colectivo en circunstancias poco claras: le habían robado su bicicleta y no se sabe si corría a los delincuentes o al revés. La víctima no llegó a desenfundar su pistola. Uno de los sospechosos detenidos por el caso se suicidó.

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El miércoles 27 de mayo, alrededor de las 7 de la tarde, Elías Damián Goglio agarró la bicicleta y salió de su casa del Barrio Dorrego de González Catán, La Matanza, hacia un cajero de la zona para sacar algo de dinero. Elías tenía 31 años, era oficial del Servicio Penitenciario Federal en la Unidad de Devoto y cursaba el tercer año de Educación Física. Estaba casado hacía 15 años y tenía dos hijos, de 4 y 11 años. Esa fue la última vez que se lo vio con vida.

Al salir del cajero, fue interceptado en José Ballivián y Ruta Nacional 3 por un grupo de 5 delincuentes que le robaron la bicicleta. Elías portaba su arma reglamentaria, pero no la utilizó. Ante la poca cantidad de testigos y la ausencia de cámaras de seguridad, la reconstrucción total del hecho es compleja. No se sabe hasta el momento quién corrió a quién, pero lo cierto es que Elías atravesó la ruta y fue atropellado sobre la colectora.

Entre los pocos testigos, se encuentra una mujer en situación de calle que aseguró que hubo un colectivo implicado en la maniobra que pertenecería a la línea 218. Según esta mujer, el chofer se bajó para constatar si Elías seguía con vida, tomó su celular y volvió a subir al colectivo, para luego marcharse. La víctima murió en el acto.

Vanesa, la esposa de Elías, contó a No Ficción: “Sabemos que desde el celular se hizo una llamada al 911, pero no sabemos más nada. Desde la compañía, nos dijeron que no tenía la ubicación activada y por eso no podían rastrearlo. Como no nos sirvió de nada, le di de baja. Lo último que supimos es que su número se fue de todos los grupos de WhatsApp en los que estaba”. Desde la empresa de colectivos le dijeron a la viuda que no se reportó ningún accidente en esa fecha.

A Elías no le robaron el dinero que tenía encima ni tampoco el arma. Solo la bicicleta primero y el celular después. El paradero del celular es una de las grandes incógnitas del caso, pero no la única.

Un llamado misterioso

Una semana después del hecho, un misterioso llamado ingresó al celular de Vanesa. Desde un número desconocido, una voz femenina le dio algunos datos importantes: los nombres y apellidos de los cinco delincuentes y la dirección donde se encontraría la bicicleta. “No sé cómo consiguió mi teléfono. Se la notaba muy nerviosa. Fue la única vez que llamó. Llevé todos esos datos a la fiscalía, pero me dijeron que eran solo rumores, que no podían hacer nada. Al final, hicieron un allanamiento, pero ya era tarde y no había nada”, detalló Vanesa.

La causa está caratulada como “Homicidio en ocasión de robo” y pasó por las manos de tres fiscales. Hoy, la tiene Federico Medone, quien a seis meses del hecho tuvo que empezar prácticamente de cero. Para dar con los imputados, los investigadores contaron entre otros elementos con “algunas declaraciones testimoniales y una filmación de una cámara de un vecino que muestra a los ladrones huyendo con la bicicleta robada”, señalaron fuentes judiciales a No Ficción.

Según se pudo reconstruir del hecho, “en principio hay un testigo que dice que lo atropella un auto y cae contra un colectivo. El colectivero bajó a auxiliar y un peatón llamó al 911 con el teléfono de la víctima y se lo quiso dar al colectivero mientras fue a buscar un móvil de gendarmería, pero el colectivero no aceptó el teléfono y se fue. Aparentemente, lo atropella un auto y después lo arrollan otros vehículos que pasaban por el lugar”, sostuvieron los voceros.

El suicidio de un menor

Los cinco nombres que recibió Vanesa en aquel llamado fueron investigados y cuatro fueron detenidos. Uno se encuentra prófugo y es intensamente buscado por las autoridades.

De los cuatro detenidos, dos eran hermanos y uno de estos era menor, por lo cual fue trasladado a un correccional de menores, donde una mañana lo encontraron muerto. Decidió quitarse la vida, al poco tiempo de haber sido detenido. Los tres restantes se encuentran con prisión preventiva.

El miedo a la impunidad

Durante las primeras semanas, Vanesa tenía miedo de iniciar una investigación profunda en contra de los sospechosos. “En el barrio se los conoce. Otros vecinos me decían que alardeaban de lo que habían hecho. Yo me quedé sola, con los dos nenes y tenía miedo de que nos pudieran hacer algo a nosotros”, apuntó.

Finalmente, la mujer decidió buscar justicia por su marido y padre de sus hijos y aseguró que irá hasta las últimas consecuencias. “En la fiscalía me dijeron que van a volver a citar a los testigos para declarar. Sé que nada me va a devolver la vida de mi marido, pero quiero que se haga justicia”, concluyó Vanesa.

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