A Claudio Faro no le cuesta admitir cuál es su objetivo político. «Sí, claramente me gustaría ser intendente de Morón«, responde sin rodeos cuando la entrevista ya transita su tramo final. Sin embargo, inmediatamente aclara que entiende «los tiempos políticos» y que no piensa «poner el carro delante del caballo”. Ese equilibrio entre la ambición y la prudencia atraviesa buena parte de esta entrevista con No Ficción Web. A los 38 años, abogado, concejal del PRO y referente del espacio que conduce Cristian Ritondo en la provincia de Buenos Aires, Faro intenta proyectarse como una figura de gestión antes que de confrontación partidaria, aunque no ahorra críticas hacia el gobierno municipal que conduce Lucas Ghi.
Nacido y criado en el centro de Morón, recuerda que su ingreso a la política estuvo marcado por un episodio de inseguridad que sufrió su familia en 2011, cuando su padre fue víctima de un violento robo. «Nos juntamos el domingo siguiente a comer y todos criticábamos lo que había pasado, pero nadie hablaba de involucrarse para cambiar las cosas. Ahí decidí que, si quería que algo fuera distinto, tenía que participar», recuerda. Luego, de la mano de la dirigente Natalín Faravelli se incorporó al macrismo.
La entrevista se realizó pocos días después del lanzamiento de Dashboard Morón y Radar PBA, dos plataformas impulsadas por el PRO bonaerense para relevar información pública y el estado de las escuelas.
– Acaban de anunciar dos herramientas digitales que tienen a Morón como prueba piloto, ¿en qué consisten y cuáles son los resultados que obtuvieron hasta ahora?
– La primera es Dashboard Morón que concentra los principales datos del distrito: población, índices de seguridad, superficie y otra información pública que muchas veces cuesta conseguir, y lo hacemos a través de pedidos de acceso a la información. Lo desarrollamos junto al diputado Martín Yesa y Colossus Lab. Además incorpora un muro donde los vecinos pueden aportar información que también nutre nuestras investigaciones
– ¿Y la otra plataforma?
– La segunda plataforma es Radar PBA, que forma parte del trabajo provincial que también impulsa el equipo de Yesa. Estamos relevando, escuela por escuela, el estado edilicio y la infraestructura. Los resultados son preocupantes: en Morón, de unas 160 escuelas, apenas nueve están en condiciones adecuadas para recibir alumnos. El resto presenta distintos problemas: techos, filtraciones, instalaciones eléctricas, agua, gas, o falta de estufas.
– ¿Finalizó ese relevamiento?
– Aún falta terminarlo. Al principio los directivos y autoridades de las escuelas nos recibían, nos brindaban información y colaboraban. Pero eso empezó a molestar y hubo una indicación para que cualquier dato debiera solicitarse únicamente a la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia. Eso trabó todo, porque las escuelas que todavía faltan relevar ya no pueden brindarnos información y el Consejo Escolar en Morón hoy está prácticamente cerrado. La nota a la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia la enviamos, pero la respuesta nunca llega.
– ¿Morón está preparado para aprovechar ese tipo de herramientas?
– Morón está totalmente paralizado en términos de modernización y tecnología. Hay muchísimos ejemplos. Querés pagar la TSG y no podés hacerlo por Mercado Pago. Querés cargar el estacionamiento medido y la página no funciona. El año pasado estuvimos tres meses con el sistema hackeado. Querés consultar un expediente y no está digitalizado. Cuando llega la Rendición de Cuentas tenemos que revisar una pila enorme de expedientes para encontrar el que buscamos. Es un municipio totalmente arcaico. Si querés sacar un turno en el hospital, todavía tenés que hacer la fila a las cinco de la mañana. La modernización prácticamente no existe. Hay muchísimo por hacer. La tecnología bien utilizada viene a facilitarle la vida a la gente.
– ¿Qué más podría cambiar en Morón con estas herramientas?
– Soy muy crítico de las UGC. Entiendo que la pandemia aceleró muchos cambios y hoy las UGC prácticamente quedaron reducidas a entregar un número de reclamo. Con una aplicación bien desarrollada, con buenos parámetros de ciberseguridad y protección de datos, muchas de esas gestiones podrían resolverse de otra manera. Hoy no veo esa voluntad política. Fui secretario de una UGC y no le esquivo a ese debate, puedo decir que ese modelo ya no funciona. Durante mi gestión varias veces planteé la necesidad de reducir la cantidad de UGC. Nosotros dejamos el gobierno en 2019 y luego pasaron de siete a catorce. Duplicaron la cantidad de UGC, aumentaron los problemas de los vecinos y también crecieron los reclamos que no se resuelven.
– ¿Cuál es hoy el principal problema de Morón?
– Dicho por los propios vecinos, el principal problema es la inseguridad. Obviamente está muy vinculada con la situación provincial y no se puede separar una cosa de la otra. Pero vuelvo a insistir con la falta de tecnología: incorporación de fibra óptica, más cámaras, patrulleros equipados. El año pasado el intendente lanzó la Guardia Urbana y, sinceramente, me da tristeza. Son chicos que no están preparados, con un chaleco refractario y un chaleco antibalas, pero que no tienen herramientas para defenderse ellos mismos, mucho menos para defender a un vecino o prevenir un delito.
– ¿Qué balance hacés de la gestión de Ramiro Tagliaferro? ¿Hubo errores, quedaron cosas pendientes?
– Como en cualquier gestión hubo errores y aciertos. No se trata de personalizar las cosas. Pero creo que el período 2015-2019 fue superador. Terminamos con las picadas mortales sobre Gaona y construimos el Metrobús, que cambió para siempre esa zona, aunque hoy esté abandonada y sin mantenimiento. Logramos abrir el Aeropuerto El Palomar, que generó más de 11.000 puestos de trabajo y modernizó la región. Todavía hoy los vecinos siguen reclamando que vuelva a funcionar. También renovamos el puente Lebensohn. Asfaltamos decenas de calles, e hicimos un avance de casi el 100% en cloacas y agua corriente. Después, hubo cuestiones puntuales y claro que hago autocrítica. Hubo una ola muy fuerte anti-PRO, anti-Macri, y contra todo lo que representábamos en ese momento. Así y todo, en Morón perdimos solamente por tres puntos.
– ¿La interna entre Lucas Ghi y Martín Sabbatella dificulta la gestión del Concejo Deliberante?
– Es una interna que llama mucho la atención y siempre la tomo con pinzas. Parecen estar permanentemente enfrentados, votan divididos muchas cosas, pero cuando tuvieron que sacarse la foto para cerrar un acuerdo electoral lo hicieron. Uno se pregunta hasta qué punto esa pelea va a seguir siendo así. En términos legislativos, claro que al intendente lo complica porque dejó de tener un bloque propio completamente alineado. Ahora bien, cuando se trata de proyectos coherentes y que benefician a los vecinos, no solamente cuentan con los concejales de su espacio. El Concejo Deliberante es mucho más amplio.
– Del otro lado, La Libertad Avanza también tiene sus diferencias con sus aliados como el PRO. ¿Cómo se da esa convivencia en Morón?
– Creo que quedó muy claro que el acuerdo de 2025 fue una alianza electoral, no una alianza política. A nivel nacional el PRO ha demostrado una enorme responsabilidad legislativa. Cada vez que hubo que acompañar transformaciones importantes para el país, lo hizo sin importar quién presentara el proyecto. Ahí el trabajo de Cristian Ritondo como presidente del bloque fue fundamental. En lo local tenemos diálogo permanente con los concejales de La Libertad Avanza. Hay temas en los que coincidimos y otros en los que no. Eso también es la política. Hay que aprender a construir tanto en las coincidencias como en las diferencias.
– Si algún día te toca gobernar Morón, ¿cuáles serían tus primeras medidas? ¿Cómo imaginás el distrito dentro de diez años?
– La vara hoy está bastante baja porque veo muchas falencias. Primero habría que ordenar toda la infraestructura: reparación de baches, pozos y tránsito. También eliminaría el sistema de fotomultas. Quiero extinguirlo. Lo detesto. Me parece un mecanismo recaudatorio que perjudica a la sociedad. Después fortalecería todo el sistema de seguridad con incorporación de tecnología, mayor presencia policial, más móviles y mejores herramientas. Y, finalmente, me gustaría construir un Morón moderno, donde el vecino tenga que hacer mucho menos esfuerzo para resolver sus problemas cotidianos.







