Jorge Fernando “Roña” Castro murió este miércoles a los 59 años, después de descompensarse durante la madrugada en el Bingo de Morón. Un equipo médico acudió al establecimiento, ubicado sobre la calle San Martín, pero no logró salvarlo. La causa quedó bajo investigación de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) Nº 8 del Departamento Judicial de Morón, bajo la carátula de averiguación de causales de muerte.
Según los primeros reportes, el exboxeador se encontraba en el sector de las máquinas cuando sufrió la descompensación. El encargado del establecimiento alertó sobre lo ocurrido y se solicitó asistencia médica. Aunque trascendió que Castro padecía diabetes, hasta el momento no se había establecido oficialmente la causa del fallecimiento.
La noticia sacudió al mundo del boxeo argentino y al conurbano bonaerense, donde el excampeón había desarrollado durante los últimos años una tarea que iba mucho más allá del deporte: sostenía comedores y merenderos, distribuía alimentos y buscaba ampliar la asistencia a familias que no llegaban a cubrir sus necesidades básicas.
Nacido el 18 de agosto de 1967 en Caleta Olivia, Santa Cruz, Castro fue uno de los personajes más reconocibles del boxeo argentino. Su estilo frontal, su potencia y su capacidad para resistir castigos lo convirtieron en un peleador popular, pero su consagración internacional llegó con una pelea que quedó grabada en la memoria deportiva del país.
La noche en que dio vuelta una pelea imposible
El 12 de agosto de 1994, Castro derrotó al estadounidense Reggie Johnson y conquistó el título mundial de peso mediano de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB). La victoria lo instaló entre los mejores de su categoría y abrió una etapa en la que defendió la corona frente a rivales internacionales.
Pero la pelea que terminó de convertirlo en leyenda fue la que disputó el 10 de diciembre de ese año contra John David Jackson, en Monterrey, México.
Castro estaba en desventaja, había recibido un castigo importante y tenía el rostro ensangrentado. El combate parecía encaminado a una derrota cuando conectó un potente gancho de izquierda que derribó al estadounidense. El argentino ganó por nocaut técnico en el noveno asalto y retuvo el cinturón.
La revista especializada The Ring distinguió aquel enfrentamiento como la mejor pelea de 1994 y eligió el noveno round como el mejor del año. La remontada quedó entre las grandes noches del boxeo nacional y consolidó la imagen de un peleador capaz de cambiar una pelea cuando parecía no tener salida.
Castro defendió el título mundial en varias oportunidades, hasta que lo perdió frente al japonés Shinji Takehara, en diciembre de 1995. A lo largo de su carrera también enfrentó a figuras como Roy Jones Jr., Terry Norris y Roberto Durán.
Su registro profesional fue de 144 combates, con 130 victorias —90 por nocaut—, 11 derrotas y tres empates. Se retiró en 2007, después de una trayectoria que lo llevó desde los gimnasios argentinos hasta los principales escenarios internacionales.
El accidente que lo dejó al borde de la muerte
La historia de Castro también estuvo marcada por un episodio que puso en riesgo su vida. En junio de 2005 sufrió un grave accidente automovilístico en Puerto Madero, cuando perdió el control del vehículo que conducía y chocó contra un árbol.
Las lesiones fueron severas. El exboxeador sufrió traumatismos y complicaciones pulmonares, y permaneció en coma durante varias semanas en el Hospital Argerich. Después de una larga recuperación, volvió a entrenarse y regresó al ring.
Aquella experiencia reforzó una de las marcas de su personalidad pública: la de un hombre que se sobreponía a los golpes, tanto dentro como fuera del cuadrilátero. Incluso después de una carrera exigente y de aquel accidente, siguió buscando actividades y proyectos para mantenerse cerca de la gente.
Tras su retiro, también encontró en la televisión una nueva forma de exposición. Participó en Gran Hermano Famosos, en Bailando por un sueño y, más recientemente, en MasterChef Celebrity. Su carácter espontáneo y su manera directa de expresarse lo mantuvieron presente en la cultura popular, incluso para quienes no seguían el boxeo.
De campeón mundial a sostener comedores en el conurbano
En los últimos años, la vida de Castro tomó otro rumbo. Durante la pandemia de coronavirus organizó una olla popular en el gimnasio que tenía en la zona sur del conurbano bonaerense. La iniciativa creció y se convirtió en una red de comedores y merenderos para asistir a familias con dificultades económicas.
La tarea se extendió a distintos barrios, entre ellos Temperley y Villa Fiorito. Además de sostener espacios propios, Castro colaboraba con otros comedores y distribuía alimentos. En octubre de 2025 había anunciado que trabajaba para abrir un nuevo comedor en Morón, con capacidad proyectada para unas 500 personas.
Su compromiso estaba ligado a su propia historia. Castro había contado que atravesó hambre y privaciones durante su infancia, una experiencia que explicaba su decisión de ayudar a quienes no podían garantizarse un plato de comida.
En una entrevista de 2025, resumió esa relación entre su pasado y su trabajo solidario: “Fui un pibito desnutrido y agradezco hoy poder ayudar a que muchos no pasen hambre”.
También había advertido sobre un cambio en el perfil de quienes se acercaban a pedir alimentos. “Ahora no vienen los pibes, viene la gente grande, personas de 70 años que se ponen a llorar porque se jubilaron y no les alcanza la plata”, contó al describir la situación de los comedores.
La demanda creció al punto de que pasó de entregar 80 bolsones semanales a 100. La asistencia incluía productos básicos como arroz, polenta, yerba, azúcar, aceite y legumbres, además de aportes que recibía de vecinos, productores y comerciantes.
Castro también cuestionaba a los dirigentes políticos por la falta de respuestas ante las necesidades sociales. Su tarea solidaria, sostenida con aportes propios y donaciones, se convirtió en una parte central de su vida después del boxeo.
La muerte lo encontró en Morón, el lugar donde buscaba ampliar ese trabajo comunitario. Se va un excampeón mundial que protagonizó una de las peleas más memorables del deporte argentino y que, en sus últimos años, trasladó su energía a otra lucha: la de conseguir que más familias del conurbano pudieran comer todos los días.







