El sector panadero atraviesa uno de sus momentos más delicados en la provincia de Buenos Aires. La caída del poder adquisitivo impacta de lleno en el consumo y las ventas registran un fuerte retroceso. Según datos del sector, la demanda de pan disminuyó un 45% en el primer trimestre de 2026 respecto del mismo período de 2025, un desplome que enciende las alarmas entre los comerciantes.
La advertencia proviene del Centro de Panaderos de Merlo y de la Cámara de Industriales Panaderos (CIPAN), desde donde alertan por una situación crítica que ya se refleja en cierres de locales y pérdida de puestos de trabajo.
Menos clientes y ventas en baja
La caída del consumo golpea tanto a pequeñas panaderías de barrio como a establecimientos con años de trayectoria. Muchos comercios ven cómo su clientela habitual se reduce semana a semana, en un contexto de fuerte retracción del gasto.
Aunque los comerciantes intentan sostener la actividad, la incertidumbre económica y la falta de incentivos complican cualquier intento de recuperación en el corto plazo.
Costos en alza y márgenes cada vez más ajustados
El referente del sector Martín Pinto advirtió que la crisis no solo responde a la baja del consumo, sino también a los aumentos constantes en los costos de producción.
“Estamos enfrentando incrementos permanentes en los insumos, en las tarifas de servicios y en el combustible, lo que hace cada vez más difícil mantener abiertas muchas panaderías”, explicó.
Riesgo de un récord de cierres
El panorama genera fuerte preocupación dentro del rubro. Pinto aseguró que, de mantenerse esta tendencia, 2026 podría convertirse en un año récord en cierre de panaderías.
“Si seguimos así, lamentablemente en lo que va de este año vamos a tener un récord de cierres”, señaló.
El dirigente recordó que en los últimos dos años ya cerraron unas 2.000 panaderías en todo el país, lo que provocó la pérdida de 16.000 puestos de trabajo.
El impacto del bolsillo en los barrios
Desde el sector sostienen que la raíz del problema está en la pérdida del poder adquisitivo. Con menos dinero disponible, las familias ajustan sus gastos cotidianos y el consumo en los comercios de cercanía se resiente.
“Cuando la gente tiene menos plata en el bolsillo, lo primero que cae es el consumo en los barrios, y eso lo vemos todos los días en las panaderías”, concluyó Pinto.






