Más personas trabajan, pero no necesariamente mejor
A primera vista, los números parecen positivos. La tasa de empleo en la Argentina aumentó entre fines de 2023 y fines de 2025. Sin embargo, detrás de esa mejora estadística se esconde una realidad mucho más compleja: cada vez hay menos empleo formal y más trabajadores que sobreviven como monotributistas, cuentapropistas o en la informalidad.
Esa es una de las principales conclusiones del informe «Mercado de trabajo y precarización laboral en la Argentina reciente: transformaciones estructurales e impactos del programa económico 2023-2026», elaborado por los economistas Santiago Fraschina y Agustín Acevedo, de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV).
El trabajo sostiene que el mercado laboral argentino atraviesa una transformación profunda que no comenzó con el actual gobierno, sino que se viene gestando desde hace décadas. Sin embargo, asegura que las políticas implementadas desde diciembre de 2023 profundizaron tendencias como la precarización del empleo, la pérdida de puestos registrados y el deterioro de los salarios.
El empleo registrado sigue retrocediendo
Uno de los datos más significativos del estudio es que entre diciembre de 2023 y marzo de 2026 se perdieron 369.463 puestos de trabajo registrados, mientras que cerraron casi 30.000 empresas y establecimientos empleadores.
Esto significa que, aunque más personas dicen tener una ocupación, cada vez son menos las que acceden a un empleo con aportes jubilatorios, cobertura de salud, vacaciones pagas o indemnización.
Para regiones como el oeste del conurbano bonaerense, donde una parte importante de la actividad económica depende de la industria, la construcción, el comercio y los servicios, esta tendencia tiene un impacto directo sobre miles de familias.

Los sectores más golpeados
El informe identifica a la construcción como la actividad más afectada. La paralización de gran parte de la obra pública provocó una caída histórica del empleo durante 2024 y, aunque hubo una leve recuperación posterior, no alcanzó para compensar las pérdidas.
También retrocedieron la industria manufacturera, el comercio, el transporte, los hoteles, restaurantes y distintas ramas de servicios.
En cambio, los sectores vinculados a la minería y otras actividades extractivas fueron prácticamente los únicos que mostraron una evolución positiva.
Los investigadores advierten, sin embargo, que estas actividades generan relativamente pocos puestos de trabajo, por lo que no logran absorber el empleo que pierde el resto de la economía.
El fenómeno del «monotributista por necesidad»
Uno de los cambios más notorios que describe el estudio es el fuerte crecimiento del Monotributo.
Para los autores, este aumento no refleja necesariamente un boom de emprendedores, sino una transformación del mercado laboral: muchos trabajadores que antes tenían relación de dependencia hoy facturan como monotributistas o realizan tareas independientes para una sola empresa.
En otros casos, directamente pasan a vivir de changas, trabajos temporarios o plataformas digitales.
En la práctica, esto implica menor estabilidad, ingresos más variables y menos protección social.
La inflación también dejó su marca en los salarios
El informe también analiza cuánto poder de compra perdieron los trabajadores durante el período.
Los mayores retrocesos se registraron en sectores muy presentes en el conurbano, como:
- Construcción.
- Comercio.
- Transporte.
- Industria manufacturera.
En algunos casos, los salarios reales terminaron entre un 12% y un 13% por debajo de los niveles de fines de 2023.
La minería y algunas actividades agropecuarias tuvieron un comportamiento distinto, impulsadas por la devaluación y las exportaciones, aunque esa mejora también comenzó a moderarse durante 2026.

Un problema que viene de hace décadas
El trabajo aclara que la precarización laboral no nació con el actual gobierno.
Según los investigadores, el proceso comenzó a consolidarse desde mediados de los años 70 con la apertura económica, la pérdida de peso de la industria y el crecimiento del empleo informal.
Durante las décadas siguientes hubo etapas de recuperación y otras de retroceso, pero nunca se logró revertir completamente el aumento del trabajo no registrado.
Hoy, sostienen los autores, alrededor de cuatro de cada diez trabajadores asalariados continúan desempeñándose en condiciones informales.
¿Qué significa esto para el conurbano?
Aunque el informe analiza datos nacionales, varias de sus conclusiones tienen especial relevancia para municipios del oeste bonaerense como La Matanza, Morón, Merlo, Moreno, Hurlingham, Ituzaingó y Tres de Febrero.
En estos distritos, una parte importante del empleo depende de pequeñas y medianas empresas industriales, comercios, talleres, empresas constructoras y actividades de servicios.
Cuando esos sectores reducen personal o dejan de contratar, muchas personas terminan buscando ingresos en actividades independientes, trabajos ocasionales o emprendimientos de muy baja escala.
El resultado es un mercado laboral donde más gente trabaja, pero no necesariamente vive mejor.
Un mercado laboral cada vez más fragmentado
La principal conclusión del informe es que la economía argentina atraviesa un proceso de cambio estructural.
Según los investigadores de la UNDAV, el crecimiento del empleo observado en las estadísticas convive con una reducción del trabajo registrado, salarios más debilitados y un aumento de modalidades laborales más inestables.
En ese escenario, advierten, el desafío ya no pasa únicamente por generar más puestos de trabajo, sino por recuperar empleos de calidad, con derechos laborales, ingresos suficientes y capacidad para sostener el consumo y el desarrollo de las economías locales.








