De Norita Cortiñas los convocó su picardía y la tenacidad a la hora de hablar. Hace siete años comenzó todo. Por ese entonces, Jayson McNamara, conoció a Norita en una de las manifestaciones por los derechos LGBTI+. Desde allí comenzó a documentar la vida de una de las lideresas políticas y referente por los derechos humanos más importantes del país y del mundo en los últimos tiempos.
“Intentar contactar a Nora fue muy difícil», cuenta a No Ficción Francisco Villa, uno de los productores de Norita, el film que estará en la pantalla grande el próximo 7 de noviembre. La película fue dirigida por Jasyon McNamara y Andrea Tortonese. Con producción ejecutiva de Jane Fonda y música original de Gustavo Santaolalla.
El motivo era obvio. Nora Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo (y Madre de todas las luchas) no se quedaba quieta. Incluso hasta sus últimos días, cuando se la vio en la Marcha Federal por la Universidad Pública, en abril de este año. Para encontrar a Norita había que ir a la calle, donde ella estaba. “Empezamos a ir todos los jueves a la ronda de las Madres (en Plaza de Mayo). Queríamos que nos viera, nos conociera. Empezar a formar parte de su entorno, de sus caras conocidas para generar confianza y así, finalmente, empezar a filmar lo que queríamos filmar”.

Nora pudo ver el documental antes de morir el pasado 30 de mayo. “Nos tomamos la delicadeza y el cuidado de ir a su casa a mostrarle cada avance. Nos hizo muchas devoluciones. Cuando la terminamos, hicimos una proyección privada. Eso fue a principios de año. Vino toda su familia y la gente que quiso invitar. Creo que la disfrutó mucho. Disfrutó de ver la película con su hijo Marcelo, su nieto Damián, sus bisnietos. Ella ya estaba más viejita. Fue una especie de bendición haber podido mostrarle la película completa”.
Lo de las devoluciones tampoco fue tarea fácil. Norita tenía eso de que no querés ubicarse en el lugar de un nombre propio. Francisco recuerda esas primeras juntadas y grabaciones. “Ella siempre lo dejaba en claro y creo que era un poco reticente a hacer un documental sobre ella. Quería hablar de lo colectivo y que, en todo caso, se cuente la historia de las Madres, no de ella en particular. Obviamente nosotros estábamos haciendo una película y una película tiene un formato establecido. Habitualmente dura 90 minutos, hay personajes principales, personajes secundarios. Fuimos charlando cuestiones vinculadas a la narrativa del cine. Creo que lo entendió y lo aceptó. Un poco su condición fue contar la historia de las Madres a través de su propia historia”.
La película tiene varios cruces. Uno es el de Norita en la búsqueda de su hijo Gustavo, con Ana Careaga. Una siendo madre, otra siendo hija. Ambas amigas y confidentes. La voz de Ana está presente en el documental. Ana fue detenida desaparecida. Durante su cautiverio, le ocultó su embarazo a sus captores y su hija nació finalmente en 1977. Pero tres días después, los genocidas secuestraron y mataron a su mamá Ester, compañera de Norita en Madres de Plaza de Mayo.

Otro de los cruces es el de Norita madre, ama de casa, costurera, vecina de Castelar en la zona oeste del conurbano. Y el de ese arrojo casi instintivo por saber dónde estaba su hijo, y los hijos de las otras madres. “Una frase disparadora del documental es lo que le repetía su hijo: ‘Gustavo me dijo: Mamá, tenés que mirar fuera de las cuatro paredes. Pasan cosas. Con el tiempo vi esas cosas’… Su hijo le hablaba a una mujer de esa época, una ama de casa que habitualmente atendía las cosas del hogar, que se ocupaba del cuidado de los hijos y no andaba demasiado en la calle. Ella no era feminista. Vivía en un hogar machista donde su marido era el que salía a trabajar. Obviamente estamos hablando de mitad de los años 50”. Pero en la vida de Nora -y en el documental- hay un punto de quiebre con la desaparición de Gustavo. Ese es el salto hacia la calle, a ser Madre de Plaza de Mayo, a la defensa de los derechos humanos y a convertirse en una figura internacional.
A lo largo de su vida y su lucha Norita desarrolló varias facetas. “No siempre fui así, una revolucionaria como soy hoy”, decía Nora. Francisco cuenta que lo que más le llamó la atención fue que era atenta con todas las personas. “Con nosotros, el equipo de filmación, tenía la capacidad de ser muy cariñosa y muy humana. Al punto de, por ejemplo, llamarnos un domingo a la mañana para saber cómo estábamos, qué íbamos a almorzar o cómo estaba la salud de algún familiar. Fue la posibilidad de ver a un personaje público, a una política de raza que aparecía en los diarios, en la tele, en la radio, las manifestaciones y de repente ver ese otro costado. Era preguntarse cómo hace esta mujer para hablar con tanta gente, recibir tanto cariño y mantener a la vez una cordura mental y discursiva. Eso termina siendo fuente de inspiración para cualquier persona”.
Este jueves la película se estrena en el cine y Norita ya no está. Sobre qué esperan como equipo realizador, Francisco dice que es una pregunta no tan sencilla de responder. “Lo primero que me sale es que la película venga a traer nuevos diálogos. Que se pueda ver en grupo y no de manera individual. También que sea la chance de duelar, de llorar juntos, de reirnos y que la voz de Norita quede retratada para el futuro”.






